• Millaray Lobos

2018: Primera melancolía. Reescritura de "La Gaviota", de Anton Chéjov

Creación en el Teatro de la Universidad Mayor en el marco del programa TUM, que reúne a jóvenes actrices y actores egresados de esa facultad a un.a director.a invitad.a.o.


Texto de origen: "La Gaviota", de Anton Chéjov

Otros textos: Extractos de "El lugar Común". de Alejandro Moreno Jashés

Dirección y dramaturgia general: Millaray Lobos García

Asistencia general y creación sonora: Ariel Hermosilla

Escenografía e iluminación: Rocío Hernández

Con Ana Burgos, Gabriel Díaz, Juan Gálvez, Nicolás González, Francisca Medina, Juan Gálvez, Arlen Machuca.

"Hombres, leones, águilas y perdices...en una palabra, todas las vidas...se han apagado"

Prólogo del texto total

Por Millaray Lobos García


Voz del séptimo ausente o voz de la reseña:


"La gaviota" de Anton Chejov, es una obra joven, portadora de momentos de furia, de rabia e intentos de reivindicación, una obra sobre el amor, el fracaso, el error y el aprendizaje, sobre la creación y sobre qué significa representar. "Primera melancolía" es un artefacto teatral que retoma el argumento de la obra que la inspira e integra reescrituras que evocan la fábrica del teatro, el intento por trascendernos, la necesidad de comunicar en algo nuestra experiencia del mundo y el confuso lazo entre el acto gratuito de la creación y la necesidad interior de ser reconocidos en ese gesto, de acceder, por un don, al amor de los otros. En resonancia con la búsqueda del personaje del joven Treplev y con lo que consideramos esencial en el legado de Chéjov, la poética de esta melancolía está inspirada del Arte Povera y se sostiene en el presente escénico, que alterna vitalidad y ruina, paso del tiempo, pensamiento en acción. Algunas del las citas que el texto convoca se pueden distinguir, otras resultan del diálogo con diversas fuentes y lo son menos, pues se trata en general de un texto que es un "intertexto".



Semejante al mecanismo de un caleidoscopio, el trabajo escénico ha consistido en y poner en juego pequeños elementos -muchos sin interés evidente- y moverlos afin de crear imágenes simples y diversas que permitan a cada cual hacer su propio montaje poético, haciendo emerger instantes poéticos ahí donde no se anuncian ni preparan. Sentir melancolía quizá sea sentir, sencillamente, que la vitalidad de la vida se nos escapa todo el tiempo en instantes fugaces...y que es precisamente en eso que consiste, la vida. Como ella, el teatro no está destinado a durar y sería hacerle violencia imponerle una permanencia.


En una época que empuja a posicionarse constantemente, a imponer puntos de vista, a enjuiciar, a delatar y a exponer, a hablar a toda costa bajo luces cada vez más absolutas, la pregunta que ronda sería: Y qué sería un arte sin fuerza? Un arte de la fragilidad y del movimiento? Un arte que diera reglas de juego sin prever resultados? Melancolía en una obra en obra en el sentido que, más que una declaración estética acabada, propone un recorrido sensible, un devenir. Qué queda de lo qué hacemos, qué trazo resuena en los otros? Dónde se guardan esos secretos? Pueden comunicarse simplemente de consciencia a consciencia, obviando la cuestión del "sentido" que tiene lo que hacemos o lo que decimos? Pasando por sobre la necesidad de dar "razón" de ser a lo que es?



 

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