• Millaray Lobos

Presentación "Traducir e interpretar, la Reunificación de las dos Coreas"

2018. Presentación de la creación "Traducir e interpretar la Reunificación de las dos Coreas", que da cuenta de los móviles e inquietudes de este proyecto movido entre estudio con los actores y actrices en Chile, aperturas, reflexiones sobre el traducir y seminarios de formación para actores en Francia.

Acerca del proyecto "Traducir e interpretar la Reunificación de las dos Coreas", entre creación y laboratorio

Por Millaray Lobos García


"Este proyecto se desarrolla por etapas y entre dos territorios (Chile y Francia). Se sitúa de partida como un ENTRE, un espacio de mediación, un intermedio donde convocar lo distante ejerciendo la traducción de palabras y la traducción de sus intenciones y condensaciones culturales.


Comenzando por la traducción del texto del autor, el proyecto está pensado como un laboratorio donde probar el traducir DESDE la escena y CON los actores, que son ellos mismos una clave de comprensión de ese ejercicio: Si traducir es pensar en acto, un ejercicio que nos enseña la acogida de otros en sí como necesaria a nuestra sobreviviencia colectiva y su interpretación en nosotros como garantía de nuestra singularidad, el actor es su paradigma: Qué hace un actor sino dejarse interferir por otras voces, otras lenguas, otras imágenes y generar con eso algo único y singular? A un cuerpo otro, a una voz otra, a una visión de mundo otra, a multitudes hasta ahora no vistas en él, el actor hace acto de "acogida", como un cuerpo "resonador".


Cuándo un proceso de ensayos se llama LABORATORIO?

Cuando ensayar una obra equivale a explorarla desde una perspectiva casi científica y hasta un poco infantil: Creer más en las formas de conocer el objeto-obra que en la verdad acerca de ella. Aspirar ir al objeto-obra y descubrirla más que ejercer a través de ella una voluntad subjetiva que le imponga una moral o una verdad que la haga decir cosas que sus palabras no dicen, dejando así qu cada quién jerga su libertad de interpretarla y de crearla para sí mismo. No hacerle violencia a las cosas, sino intentar escucharlas. Si nos pasamos la vida interpretando intenciones donde no las hay -y sufriendo por eso que es parte de lo que nos define como humanidad-, me pregunto: Hasta donde es posible neutralizar esas interpretaciones? Suspender el juicio y dejar que las palabras y las personas digan lo que dicen?


Esta apertura de laboratorio es de carácter pobre porque es pobre y porque es una experiencia sensible sin gran dispositivo. Aspira a valorar lo mínimo con lo mínimo. No lo es por insuficiencia, sino porque lo más lindo que podría pasarnos es tener aún cosas por descubrir, traducciones latentes aun no vistas.


El texto

Está escrito en clave de "Cuadros", compuesto por situaciones independientes unas de otras y que, en su totalidad, crean como un campo de resonancia temática. En él asistimos a subjetividades que se constituyen y se revelan a sí mismas en el encuentro o desencuentro con el otro, como si al llegar a la frontera de una verdad distinta de la propia, a un punto de incomprensión fulminante, la subjetividad o bien se transformara o bien se afirmara fatalmente en su diferencia. Las personas aquí "se aparecen" por la interferencia del otro dejándonos en un espacio de suspensión del juicio. Es al menos mi aspiración: Dejar ver que no hay razón que sacar en limpio y que sólo podemos admitir que hay diferencia...y no por eso claudicar en nuestro intento incansable de construir algo con otros, de "amar". En ese punto cada cuadro, en su banalidad, intimidad y simpleza, adquiere un carácter político. Las resonancias temáticas del texto apuntan a esa frontera, a ese irresuelto trato con la diferencia. Porque totalitario es, a mi parecer, imponer una versión inequívoca de lo real.


Nunca nada comienza, solo recomienza ahí donde la vida ya partió, donde las cosas y los otros, donde la realidad, ya estaba. Nada de más profundo en nosotros mismos que lo aun no revelado y que sólo el encuentro o desencuentro con los otros nos revelará. En ese sentido, la obra es quizá una obra sobre el amor, sobre ese TENDER AL IMPOSIBLE. El dos como número incompleto y la consciencia de esa incompletud como paradójica esperanza de un tiempo común "a-venir", a crear. La melancolía de una reunificación imposible, si bien nos envía hacia atrás, hacia una fantasía de unidad de antes de la historia de la división, garantiza también una esperanza futura: la de "fabricar tiempo" con otros. En su etimología latina, "acoger" es "fabricar tiempo".


Las palabras

Las palabras, nuestras palabras, son todo menos nuestras, son herencia y materia donde resuenan voces que nos preceden. Nos servimos de ellas como de objetos que sirven al juego de la relación y del lenguaje. Con ellas tocamos o queremos tocar. Mas que decir lo que dicen, las palabras dicen nuestra necesidad de decir. Ir al otro con la palabra es un ejercicio que, sin decir ninguna verdad última sobre nosotros mismos, nos "descubre" ante nosotros mismos y nos hace descubrir al otro por cómo ellas lo afectan a él, a ella y por cómo nos modifican en su decirse. Ir a las palabras es ir a la vez a su potencia -por aquello que ellas producen en nosotros, porque nos hacen renacer a nosotros mismos- y a su impotencia.


El intento por decir es así un acto que nos traduce, que traduce un texto plegado de reminiscencias, de objetos arcaicos que en nosotros habitaban sin haber sido descubiertos. Eso no quiere decir que haya nada encubierto detrás de lo que manifestamos, sino que le damos valor de existencia en su manifestación misma. No hay una identidad oscura a descubrir, hay un desplazamiento, un movimiento hacia el exterior, hacia otro, que nos devuelve a un interior en permanente modificación: ese pensar en acto es TRADUCIR.



Traducir

Los fragmentos de obra que escucharán ha sido un juego de fractales donde aquello a lo que apunta la obra y de lo que he hablado, coincide con el ejercicio mismo de traducirla: el ejercicio micropolítico de ponerse en el lugar del otro, de portar sus palabras y de admitir que hay intraducible, llevar consigo ese que no se es y que no se comprende. Dejar también el espacio a que descubramos eso que aun no sabemos, dejar el vacío donde algo pueda hablar por nosotros. Porque una traduccion es todo menos lo definitivo, traducir es dar una nueva vida por un gesto de atención a lo que estaba ahí antes que nosotros, una confrontación permanente también con lo inexpresable, con la impotencia de las palabras a decir nuestra interioridad y a transmitir nuestra experiencia del mundo.


A veces ahí donde claudica la palabra recién algo pareciera decirse, algo silencioso y sordo que pareciera incluso decirse desde siempre. La confianza en ese sedimento común e indecible es quizá lo que nos permite acoger la posibilidad de una comunidad y, en este caso, una de actores que navega entre dos mundos y dos lenguas, a distancia y como se pueda, con los medios de bordo"